TRANSFORMACIONES PEDAGÓGICAS BASADAS EN MINDFULNESS

El sistema educativo ha recibido con agrado la entrada de la atención plena en las aulas; profesores, estudiantes y hasta el personal administrativo de los centros escolares han cambiado el concepto de las intervenciones pedagógicas tradicionales. En las escuelas, institutos y centros educativos que practican mindfulness florece la inteligencia emocional y social como otra forma absolutamente válida de educar. Enseñar directamente la atención plena al alumno no tiene sentido si el docente no la ha practicado antes y, sobre todo, si no conoce lo más elemental del cómo, cuándo, porqué y para qué sirve mindfulness y que lo aplique en su vida diaria; pues la presencia del profesor es esencial a la hora de desarrollar cualquier programa con éxito.

Las intervenciones pedagógicas basadas en mindfulness ofrecen una serie de prácticas sencillas, universales y evaluables, que tienen como principio la respiración atenta. Estos planteamientos de sencillez, eficacia y pragmatismo hacen que su uso se esté extendiendo. Es posible que no seamos capaces de cambiar determinadas condiciones educativas, pero sí se puede cambiar la manera en la que estamos viviendo.

Practicar atención plena cambia la mirada que se tiene del aula; se desarrolla mayor capacidad de observación, tanto de las herramientas con las que se trabaja, como de los alumnos y los compañeros de trabajo. Practicar mindfulness desactiva los impulsos reactivos, a veces violentos en el docente y en los alumnos, y fomenta ser testigos de los hechos que suceden, sin que sean desencadenantes de dificultades o conflictos en el aula.


Es difícil saber cuál es la mejor solución cuando tenemos situaciones dolorosas, de crisis o conflicto. Muchas veces, la forma de resolver los problemas puede causar más problemas, porque nos centramos en lo que nos gustaría que fuera y no en lo que es; mindfulness nos ayuda a aceptar las cosas que no podemos cambiar y a encontrar otras salidas al problema.

Observar da más perspectiva. Tomar una pausa hace que seamos capaces de desacelerar para darnos cuenta de lo que está sucediendo, sin sentimientos de culpa, rabia o vergüenza y redirigir la energía de la situación, momento a momento.

La práctica de la atención plena en las aulas es una herramienta poderosa para mejorar el bienestar emocional, la concentración y el rendimiento académico de los estudiantes. En un mundo lleno de distracciones y estrés, enseña a los alumnos a estar presentes en el momento y les ayuda a desarrollar habilidades esenciales para la vida.

Uno de los principales beneficios del mindfulness en la educación es la mejora de la atención y la concentración. Muchos estudiantes tienen dificultades para mantener el enfoque en las tareas debido a la sobreexposición a estímulos digitales y la presión académica. La meditación consciente y los ejercicios de respiración ayudan a reducir la ansiedad y mejorar la capacidad de atención, permitiendo un aprendizaje más efectivo.

Además, la atención plena fomenta la autorregulación emocional. Los niños y adolescentes a menudo experimentan emociones intensas que pueden afectar a su comportamiento y rendimiento escolar. Practicar la conciencia plena les permite reconocer sus emociones sin reaccionar impulsivamente, promoviendo la empatía y la resiliencia.

La práctica de la atención plena es una estrategia inclusiva que beneficia a todos los estudiantes, independientemente de sus habilidades o necesidades especiales. Puede ser especialmente útil para aquellos con dificultades, ansiedad o problemas de aprendizaje, ya que les proporciona estrategias para mejorar su regulación emocional y concentración.

Desde la perspectiva del docente, integrar prácticas de mindfulness en la rutina escolar favorece ser más respetuosos , colaborativos y receptivos. En la rutina escolar crea un ambiente más armonioso en el aula. Esto no solo mejora la dinámica del aula, sino que también reduce los conflictos y mejora la relación entre estudiantes y profesores.

Trabajar el mindfulness es una inversión en el bienestar y el éxito de los alumnos y alumnas. Al fomentar la atención plena, se promueve una educación más equilibrada, centrada en el desarrollo integral del alumno, no solo en el rendimiento académico, sino también en su crecimiento personal y emocional.

Desde una perspectiva científica, diversos estudios han demostrado que el mindfulness tiene efectos positivos en el cerebro, como el fortalecimiento de la corteza prefrontal, responsable del autocontrol y la toma de decisiones. También reduce la activación de la amígdala, la región del cerebro asociada al miedo y al estrés. Estos cambios neurobiológicos explican por qué los estudiantes que practican mindfulness muestran una mayor capacidad para manejar situaciones difíciles y afrontar los desafíos académicos con una actitud más positiva.

Otro beneficio importante es la mejora en la calidad del sueño. Muchos niños y adolescentes sufren de insomnio o dificultades para conciliar el sueño debido a la ansiedad y el uso excesivo de pantallas. La práctica del mindfulness antes de dormir puede ayudar a calmar la mente, reducir el estrés y favorecer un descanso más reparador, lo que impacta directamente en su energía y desempeño escolar.

Además, el mindfulness fomenta el pensamiento crítico y la creatividad. Al estar más presentes en el momento, los estudiantes pueden desarrollar una mayor capacidad de observación y reflexión. Esto les permite abordar los problemas desde diferentes perspectivas, mejorar su capacidad de resolución de conflictos y potenciar su imaginación en actividades artísticas y de escritura.

En el ámbito de la educación emocional, el mindfulness ayuda al alumnado a desarrollar una actitud de gratitud y apreciación por el presente. En lugar de enfocarse en lo que les falta o en lo que podría salir mal, aprenderán a valorar lo que tienen y a cultivar una mentalidad más optimista. Esto no solo mejora su bienestar, sino que también les ayuda a establecer relaciones más sanas con sus compañeros, maestros y familiares.

BITS (Basic Interiority Times – Tiempos Básicos de Interioridad) para la PRÁCTICA

  • Respiración consciente. Pedir a los estudiantes que cierren los ojos y se concentren en su respiración. Pueden contar mentalmente sus inhalaciones y exhalaciones para calmar la mente y reducir la ansiedad.
  • Escaneo corporal. Guiar a los estudiantes en un ejercicio en el que presentan a cada parte de su cuerpo, desde los pies hasta la cabeza, observando cualquier tensión o sensación sin juzgar.
  • Atención a los sonidos. Pedirles que cierren los ojos y escuchen los sonidos del aula o del entorno durante un minuto. Esto ayuda a mejorar la concentración y la conexión con el presente.
  • Pausas de gratitud. Al final de la jornada o después de una actividad, pida a los alumnos que piensen en algo por lo que estén agradecidos. Pueden compartirlo en voz alta o escribirlo en un diario.
  • Comer con atención plena. En la hora del almuerzo o un recreo, animar a los estudiantes a comer con conciencia, prestando atención a los sabores, texturas y olores de los alimentos.
  • Caminata consciente. Llevar a los alumnos a caminar lentamente, enfocándose en cada paso, en la sensación de los pies tocando el suelo y en la respiración.
  • Dibujar o colorear con atención plena. Usar mandalas o dibujos libres para que los estudiantes pinten con calma, enfocándose en los colores y en el movimiento del lápiz sin apurarse.
  • Cinco cosas que puedo notar. Pedir a los alumnos que nombren cinco cosas que pueden ver, cuatro que pueden tocar, tres que pueden oír, dos que pueden oler y una que pueden saborear. Esto los ayuda a aclararse en el presente.
  • Respiración con una pluma o burbujas. Hacer que los niños soplen una pluma o burbujas de jabón lentamente, ayudándolos a controlar su respiración y relajarse.
  • Palabra o mantra positivo. Invitar al alumnado a repetir mentalmente una palabra o frase positiva, como “Estoy en calma” o “Soy capaz”, para mejorar su estado de ánimo.
  • Meditación guiada corta. Poner una meditación guiada de 2-5 minutos donde se les invita a relajar su cuerpo y visualizar un lugar tranquilo.
  • Escuchar el cuerpo. Después de una actividad física, pedir que note cómo se siente su cuerpo: el latido del corazón, la temperatura, la respiración…
  • Respirar con la mano. Pedir que pongan una mano sobre el vientre y sientan cómo se infla y se desinfla al respirar, ayudándolos a relajarse.
  • Diario de emociones. Hacer que escriban cómo se sienten en diferentes momentos del día y qué pensamientos tienen. Esto fomenta la autorreflexión y la gestión emocional.
  • Minuto de silencio. Antes de comenzar una nueva actividad, invite a los alumnos a cerrar los ojos y quedarse en silencio durante un minuto, enfocándose en su respiración.

PARA PROFUNDIZAR